En muy pequeña cantidad nos pueden traer grandes beneficios.
Las algas son un alimento valiosísimo para quien esté intentando cambiar hábitos en su dieta. Ayudan a eliminar toxinas y son fuente de minerales y oligoelementos vitales para el organismo.
A esta increíble riqueza marítima ¡es preciso integrarla a la vida!
En ellas encontraremos el calcio, hierro, potasio, magnesio y otros nutrientes que nuestro cuerpo necesita. No siempre es fácil cubrir todas las necesidades nutricionales pero las algas pueden ayudarnos a ello ¡y en porciones pequeñas!
Las algas pueden consumirse en sopas, ensaladas, con los cereales y las legumbres. Con agregar un trocito ya es suficiente. Cada una tiene un aporte distinto.
Aquí les dejo un pequeño muestrario de lo que sé de algunas algas que yo misma he probado en diversos platos.
La reina: el alga Kombu.
La primer alga que comí y aprendí a usar. Rica en ácido algénico que actúa como un limpiador natural de los intestinos. Además los fortalece. A su vez, posee ácido glutámico que permite ablandar la fibra de otros alimentos. Por eso se recomienda cocinar las legumbres con un trocito de alga kombu. Quedan más tiernas y digeribles. También es buena para combatir el meteorismo, un efecto desagradable que puede producirse por comer legumbres a diario. También las verduras pueden cocinarse con alga Kombu. En ese caso el alga les añadirá a las verduras sus poderosos nutrientes.
La princesa: el alga Wakame.
Muy rica en calcio, hierro, vitaminas A y C, niacina y proteínas. Además tiene propiedades antibacterianas. Es ideal para usar en sopas. Es preciso agregarle un trocito ya que se expande mucho cuando se hidrata. Ideal para los caldos, los deja llena de minerales.
La doncella: el alga Nori
A esta seguro que la conocen si alguna vez han comido sushi. El alga que rodea el sushi es el alga Nori. Suele tostarse directamente sobre la llama haciendo que la hoja flamee un poco. Queda crujiente. Es mejor comprar la hoja entera y que sea de color verde brillante y quebradiza. Si es un color medio violáceo ya no será de tan buena calidad. Es el alga que más proteína posee. También vitaminas B, C y A.
La madre: el alga Hiziki.
¿Dejaste de comer lácteos y estás preocupado por el calcio? La Hiziki será tu alga amiga.
100 g de Hiziki contienen 1.400 gr de calcio. Queda muy bien combinada con verduras dulces como la cebolla y la zanahoria.
Bibliografía: Macrobiótica para todos, Perla Palacci de Jacobowitz.
Blog sobre macrobiótica, ayurveda, naturismo, vegetarianismo, omnivorismo, y varios ismos más.
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miércoles, 1 de julio de 2015
domingo, 25 de noviembre de 2012
Croquetas de lentejas coral y arroz yamani
Cada tanto me acuerdo de sacarle foto a alguno de los platos que voy aprendiendo en mi recorrido macrobiótico ma non troppo.
Hace un tiempo me agencié de una cantidad bastante grande de lentejas coral. Hasta ahora las lentejas coral las usaba en sopas y no mucho más. Pero como ha llegado el tiempo cálido por estos alrededores porteños las lentejas coral se durmieron en un estante. Hasta hoy.
2 pocillos de lentejas coral
1 taza de arroz yamani
1 cebolla blanca
1 puerro
1 diente de ajo
zapallo anco
-Hervir en una cacerolita 2 pocillos de lentejas coral en 4 de agua. Si lo desean, pueden agregarle algas de mar al agua (kombu) para intensificarles el sabor de mar. Nota importante: las lentejas coral tardan muy poco en cocinarse por lo que conviene hacerlas a fuego bien lento. En unos quince minutos estarán listas. Hay que tener cuidado de que no queden hechas puré pues se desarman con mucha facilidad.
-Hacer el arroz yamaní de la manera que ya indicamos en otra receta del blog.
-Enfriar ambas partes y unir las lenetjas con el arroz en un bol.
-En una sartén saltear la cebolla, el puerro y el diente de ajo hasta que estén transparentes. Agregar a la mezcla.
-Cortar pedazos del zapallo y concinarlos en una vaporiera. Agregar a la mezcla y hacerlos puré.
-Salpimentar.
-Dejar que se enfríe.
-Armar hamburguesitas, rollitos o bolitas y pasarlas por pan rallado o, en su defecto, avena arrollada si no quieren usar harina.
-Pueden freírlas o hacerlas al horno.
Las que ven ahí están hechas al horno. Las comimos aderezadas con jugo de limón.
Hace un tiempo me agencié de una cantidad bastante grande de lentejas coral. Hasta ahora las lentejas coral las usaba en sopas y no mucho más. Pero como ha llegado el tiempo cálido por estos alrededores porteños las lentejas coral se durmieron en un estante. Hasta hoy.
2 pocillos de lentejas coral
1 taza de arroz yamani
1 cebolla blanca
1 puerro
1 diente de ajo
zapallo anco
-Hervir en una cacerolita 2 pocillos de lentejas coral en 4 de agua. Si lo desean, pueden agregarle algas de mar al agua (kombu) para intensificarles el sabor de mar. Nota importante: las lentejas coral tardan muy poco en cocinarse por lo que conviene hacerlas a fuego bien lento. En unos quince minutos estarán listas. Hay que tener cuidado de que no queden hechas puré pues se desarman con mucha facilidad.
-Hacer el arroz yamaní de la manera que ya indicamos en otra receta del blog.
-Enfriar ambas partes y unir las lenetjas con el arroz en un bol.
-En una sartén saltear la cebolla, el puerro y el diente de ajo hasta que estén transparentes. Agregar a la mezcla.
-Cortar pedazos del zapallo y concinarlos en una vaporiera. Agregar a la mezcla y hacerlos puré.
-Salpimentar.
-Dejar que se enfríe.
-Armar hamburguesitas, rollitos o bolitas y pasarlas por pan rallado o, en su defecto, avena arrollada si no quieren usar harina.
-Pueden freírlas o hacerlas al horno.
Las que ven ahí están hechas al horno. Las comimos aderezadas con jugo de limón.
jueves, 16 de agosto de 2012
Amantes del raw abstenerse
Pero en días como hoy no hay como un buen guisito de lentejas (sin agregado de carne, chorizo colorado o panceta que para darle sabor están las verduras y los condimentos).
sábado, 19 de marzo de 2011
Otoño en puerta
Llegó marzo y con él: el otoño. Después de la alegría del verano, los días largos, las ganas de estar al aire libre, el otoño viene a apaciguar todo esto. La energía de todos los seres vivientes comienza a retrotraerse hacia adentro. Es tiempo de conectarse con el adentro y de soltar lo que ya no nos sirve. El otoño es una estación de preparación para el invierno. Nuestra alimentación será la base para que lleguemos al frío con buena salud y sustento.
Marzo, sin embargo, en nuestra realidad aquí, en el cono sur, es también sinónimo de comienzo. Volvemos a trabajar, los chicos comienzan las clases, las rutinas se endurecen con horarios más estrictos. Tenemos menos tiempo para todo menos para momentos de introspección. Tenemos que ser conscientes de esto y lidiar estos ciclos que son arbitrarios y que a veces van en contra con lo que el propio cuerpo pide. Seamos sabios en como adjudicamos nuestro tiempo.
Para este primer frío que asoma nada mejor que empezar el plato del día con una sopa. Los macrobióticos aman las sopas. Dicen que no hay que tomar mucho, sólo un pequeño pote. Es propicia para la preparación del estómago. Al tomar la sopa lo calentamos y lo prepararmos para lo que vendrá luego. Esto nos asegura una buena digestión.
La sopa de hoy es un caldo preparado con algas wakame y lentejas coral. Las lentejas coral son unas lentejas rojas que se consiguen en las dietéticas y que tienen la bendición de tener una cocción más rápida que las otras. De hecho, si se hierven mucho tiempo se deshacen y quedan como una pasta que también es muy rica. Son ideales para las sopas.
El siguiente plato es una porción de nuestro bienamado mijo, un choclo hervido con sal y una ensalada de repollo y champignones. Porque, vamos a ser sinceros, el otoño amaga con venir pero aún queremos un poco de ensaladita, ¿no?
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Adoro la primavera
miércoles, 20 de octubre de 2010
Más sobre sopas
Se viene el tiempo cálido pero no por ello dejamos de tomar sopas. Las sopas son buenas para calentar el estómago y mejoran significativamente la digestión. En primavera y verano tomamos sopas más livianas de verduras. Recuerden siempre tomar pequeñas cantidades de sopa, con un cuenco pequeño estaremos bien.
Una buena sopa tendrá que tener algún alga de mar. Incorporará a nuestro pequeño cuenco el sabor y los minerales del mar. Imagínense, tener entre nuestras manos un pequeño oceáno de nutrientes. Increíble, ¿no? El alga wakame va a muy bien con las sopas. Pero que hay que usar poquito y tener cuidado de no excederse pues el sabor del alga no debe prevalecer en la sopa. Debe sentirse de forma sutil. El alga wakame es muy beneficiosa para nuestra salud pues de todas es la que contiene más hierro y vitaminas del complejo B, incluyendo la B12. También nos aporta calcio.
A mí me gusta mucho agregarle a mi sopa de verduras un poco de miso. El miso es un equilibrador maravilloso que contiene múltiples propiedades. "El miso es una pasta aromatizante fermentada muy sabrosa hecha con porotos de soja y/o cereales y sal marina. Durante siglos fue considerado un alimento curativo en la China y Japón, y hoy investigaciones más modernas revelan que no se equivocaron"*. Entre sus muchas cualidades contiene ácido linoleico y leciticina que disuelven el colesterol en la sangre y ablandan los vasos sanguíneos, alivia los efectos por exceso de tabaco y alcohol, nutre el cabello y la piel, aporta enzimas vivas que ayudan a la buena digestión y a restaurar la flora intestinal muchas veces dañada a causa de la ingesta de antibióticos u exceso de alimentos a base de harinas blancas y lácteos.
Para mi sopa de verduras de hoy herví lo que tenía a mano en una cacerolita. Un poco de apio cortado chiquito, una cebollita de verdeo picada, rallé media zanahoria y a todo le agregué una ramita de tomillo y/o romero. Esto conformó el caldo propiamente dicho. Ustedes pueden agregarle las verduras que deseen, obviamente. Luego le agregué un trocito de alga wakame y salé sobre el final de la cocción.
El miso -y esto es muy importante- debe agregarse al final y en pequeñas cantidades. Nunca cuando el agua está hirviendo. Por cuenco, con un cuarto de cucharadita será suficiente. El miso no debe hervirse pues pierde sus propiedades increíbles. Al apagar el fuego, entonces, se agrega el miso y se revuelve de modo que se disuelva bien en la sopa. Para finalizar si gustan del perejil pueden agregárselo al final, o bien, un poco de nirá ¡que es delicioso!
¡Buen provecho!
*Perla Palacci de Jacobowitz, Macrobiótica para todos, Deva's, Buenos Aires, 2005
Una buena sopa tendrá que tener algún alga de mar. Incorporará a nuestro pequeño cuenco el sabor y los minerales del mar. Imagínense, tener entre nuestras manos un pequeño oceáno de nutrientes. Increíble, ¿no? El alga wakame va a muy bien con las sopas. Pero que hay que usar poquito y tener cuidado de no excederse pues el sabor del alga no debe prevalecer en la sopa. Debe sentirse de forma sutil. El alga wakame es muy beneficiosa para nuestra salud pues de todas es la que contiene más hierro y vitaminas del complejo B, incluyendo la B12. También nos aporta calcio.
A mí me gusta mucho agregarle a mi sopa de verduras un poco de miso. El miso es un equilibrador maravilloso que contiene múltiples propiedades. "El miso es una pasta aromatizante fermentada muy sabrosa hecha con porotos de soja y/o cereales y sal marina. Durante siglos fue considerado un alimento curativo en la China y Japón, y hoy investigaciones más modernas revelan que no se equivocaron"*. Entre sus muchas cualidades contiene ácido linoleico y leciticina que disuelven el colesterol en la sangre y ablandan los vasos sanguíneos, alivia los efectos por exceso de tabaco y alcohol, nutre el cabello y la piel, aporta enzimas vivas que ayudan a la buena digestión y a restaurar la flora intestinal muchas veces dañada a causa de la ingesta de antibióticos u exceso de alimentos a base de harinas blancas y lácteos.
Para mi sopa de verduras de hoy herví lo que tenía a mano en una cacerolita. Un poco de apio cortado chiquito, una cebollita de verdeo picada, rallé media zanahoria y a todo le agregué una ramita de tomillo y/o romero. Esto conformó el caldo propiamente dicho. Ustedes pueden agregarle las verduras que deseen, obviamente. Luego le agregué un trocito de alga wakame y salé sobre el final de la cocción.
El miso -y esto es muy importante- debe agregarse al final y en pequeñas cantidades. Nunca cuando el agua está hirviendo. Por cuenco, con un cuarto de cucharadita será suficiente. El miso no debe hervirse pues pierde sus propiedades increíbles. Al apagar el fuego, entonces, se agrega el miso y se revuelve de modo que se disuelva bien en la sopa. Para finalizar si gustan del perejil pueden agregárselo al final, o bien, un poco de nirá ¡que es delicioso!
¡Buen provecho!
*Perla Palacci de Jacobowitz, Macrobiótica para todos, Deva's, Buenos Aires, 2005
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