viernes, 20 de agosto de 2010

Sopas que sopapean

La sopa de sobre es un invento horroroso que debería descartarse. Nada más simple que cocer algunas verduras y pasarlas luego por la minipymer. Por supuesto que siempre está el desubicado que le tira medio litro de crema de leche y arruina todo lo nutritivo que puede ser este plato. No estamos en contra de la crema de leche porque engorde sino porque los lácteos acidifican la sangre y por lo tanto nos descalcifican. Sí, lo que oyeron. El cuerpo para asimilar la leche y todos sus derivados debe hacer uso del calcio propio (de modo que quienes comen lácteos para asimilar un calcio que por supuesto ha sido incorporado por -acá inserte nombre de la empresa que vende la leche- busque otros modos de conseguirlo o espere a que hablemos del asunto calcio en el próximo post).

Decía, entonces, las sopas son maravillosas para incorporar vegetales a nuestra comida. Los avances de la tecnología nos han brindado la minipymer, pieza valiosísima en el arte cocinar. Y ni hablar del viejísimo y antiquísimo mortero, pieza única y original para moler las semillas de modo que éstas puedan ser asimiladas por el organismo sin problema alguno. De lo contrario, ya lo saben: semilla que no se muele, semilla que se va por el inodoro (sepa disculpar este eufemismo, amigo Donozo).

Los vegetales los cocí al vapor para que no perdieran ninguna de sus propiedades. Adentro de la vaporera metí:

1 zanahoria
2 remolachas
2 puerros
1/4 de zapallo hokaido (el de la cáscara verde) cortado en cubos.

Una vez que los vegetales estuvieron cocidos los trituré con la minipymer agregándole un poco de caldo de verduras. (Para hacer el caldo puse a hervir por un buen rato: zanahoria cortada chiquita, cebolla, apio y una ramita de romero cosechada de mi propio jardín).

Salpimenté y molí en el mortero un poco de lino, girasol y sésamo.

¡Glup!


Las semillas enteras quedaban mejor para la foto, sepan disculpar.

jueves, 19 de agosto de 2010

Yin Yang

Mucha gente come bastante cantidad de carne, huevos y queso. La fruta los ayuda a modificar su extrema condición Yang. Pero siguiendo durante dos o tres años una de esas dietas se presentaría un caso de extremo Yin con fenómenos como jaquecas, cansancio y enfermedades de la piel. Para combatir eso deberán buscar el equilibrio con ayuda de una dieta macrobiótica. Menos alimentos de origen animal pero también menos fruta: todo más equilibrado. Para gente que haya comido mucha carne, o que durante el período embrionario la madre haya consumido alimentos de origen animal en gran cantidad, podrá ser bueno comer durante algún tiempo más lechuga y fruta pero acompañado de cereales integrales. Si esto lo hacen diariamente ya estarán en camino de comer según las normas macrobióticas.

La dieta macrobiótica no constituye un régimen alimentario fijo. Es una combinación de alimentos que se adapta a la persona, de acuerdo a su pasado, condiciones climatológicas etc. (...)

Michio Kushi, Introducción a la filosofía y medicina oriental.

*El resaltado es mío.

martes, 17 de agosto de 2010

Las galles del feriado


Mi hermano hizo una mateada de primos en su casa. Nueva ocasión para probar los budines stevianos. Y esta vez, debo decirlo, sí, quedaron deliciosos (le puse el doble de stevia y quedó bien). La mesa era muy variada y realmente había muchas cosas ricas. Entre ellas nos deleitamos con unas galletitas que paso ahora a contarles cómo se hacen porque son súper fáciles, riquísimas y no llevan ni harina, ni manteca, ni aceite, ni huevos, ni... azúcar.

Claro que ustedes dirán...pero entonces... ¿Qué tienen?

Tienen lo siguiente:
2 bananas
2 manzanas
avena arrollada gruesa
pasas de uva
nueces
almendras
stevia o azúcar integral (esto es opcional para quienes son muuuy dulceros)

Las bananas no son una fruta muy apreciada por los macrobióticos. Dicen que hay que consumirlas sólo si se vive en un clima tropical (y convengamos que hoy en día este país en verano está cada vez más tropical, ¿no?). El caso es que estamos en invierno y hace mucho frío y la banana no acompaña para nada en esta estación del año. Pero aún así, como está cocinada y le da una textura cremosa a la galletita no nos vamos a poner muy exigentes.

Pisamos las bananas, rallamos las manzanas (pueden agregarle unas gotitas de limón para que no se oxide), picamos nueces y pasas de uva y las agregamos a la mezcla. Colocamos unos puñados de avena arrollada gruesa (la verdad es que esto es a ojo, fíjense, vayan mezclando y viendo si la avena absorbe los jugos de las frutas, la idea es que quede una especie de pasta). Mezclamos. En este punto, para los que son muy dulceros pueden agregarle una cucharada de azúcar integral a la mezcla para endulzar aún más la preparación, o en su defecto, stevia. Luego armamos pequeños bollitos y los llevamos a un horno moderado en una placa aceitada por alrededor de treinta minutos.

Son más ricas cuando están frías. De hecho se guardan en la heladera. No olviden que contienen mucha fruta y como tal se pudre.

domingo, 15 de agosto de 2010

Arroz integral yamaní

Ya dijimos por qué hay que comer cereales integrales todos los días y, si es posible, incluirlos en todas las comidas. Los cereales integrales tales como el arroz yamaní, la cebada, el centeno, el mijo, el maíz, son carbohidratos polisacáridos, es decir, se transforman en glucosa durante la digestión y liberan su energía en forma regular de modo que nos brindan resistencia física, claridad mental y estabilidad emocional. A diferencia de los carbohidratos simples (azúcar, alimentos a base de harinas blancas y refinadas) que se asimilan de manera rápida y provocan una subida repentina del azúcar en sangre, los cereales integrales son de asimilación lenta prococando sensación de saciedad a la vez que no dan energía durante más tiempo.

El arroz yamaní es simplemente delicioso y puede consumirse de múltiples maneras: solo o con otros cereales, con vegetales o en forma de hamburguesas, combinado con porotos aduki, frío en ensaladas e incluso también en sopas.

Para quien no sepa las características de este cereal increíble les cuento que el arroz integral es el mejor alimento para el consumo diario. Tiene vitaminas del complejo B y su germen contiene fitina, un ácido que ayuda a remover las toxinas del organismo. Hay que masticarlo bien para poder digerirlo adecuadamente.

Algunos consejos para una buena cocción del arroz integral:

-Es bueno remojarlo un poco para ablandar la cáscara integral de modo que resulte más fácil absorber sus nutrientes.
-Lo mejor es cocinarlo en una olla a presión pero si no tienen (como es mi caso) una buena olla con tapa funciona bien. Traten de no usar ollas de aluminio y si usan ollas de teflon que sean de las buenas (sino se estarán comiendo parte del teflon cosa que no es muy saludable aunque lo que hayan preparado sea el plato más saludable de la tierra).
-Lavarlo bien para sacarle cualquier impureza que tenga.

Les cuento cómo lo hago en mi olla normal con tapa.

Las proporciones originales son: por 2 tazas de arroz, tres tazas y media de agua (pero la verdad es que yo a veces necesito agregarle un poquito más y termina siendo por 2 tazas de arroz, 4 tazas de agua).

Luego de remojar el arroz se le agrega un poco de sal y se lo lleva a fuego fuerte con la cacerola destapada hasta que hierva. Una vez que hierve, se tapa la olla, se baja el fuego al mínimo y se coloca un difusor de calor (es lo mejor porque sino el agua se evapora muy rápidamente). Se lo deja cocinar suavemente durante 40 o 50 minutos. ¡Importante: traten de no revolver!
Cuando no quede nada de agua, está listo. Apaguen el fuego y dejen resposar el arroz unos diez minutos más con la olla tapada. Esto es crucial para que termine de absorber todo el agua que haya quedado.

Lo que se ve en al foto es una especie de risotto integral con zapallo hokaido (el zapallo de cáscara verde), puerros, zanahoria y un mix de semillas pulverizadas se sésamo, girasol y lino. Como el arroz yamaní lleva mucho de cocción lo precocí primero y luego le fui agregando las verduras. Obviamente, cada cual le puede agregar la que más le guste. Prueben y luego me cuentan.

miércoles, 11 de agosto de 2010

¿Azúcar, siempre estuviste ahí?

¿Desde cuándo consumimos azúcar refinada en nuestra dieta? ¿Desde cuando la sacarosa forma parte de nuestras vidas? ¿Es que siempre ha sido así en la historia de la humanidad?

El hombre antiguo comía una cantidad de alimentos que contenían innumerables azúcares naturales: frutas, verduras, semillas. Pero ninguno contenía azúcar refinada por el hombre. El azúcar era un lujo raro y carísimo que se importaba de tierras lejanas y con mucho sacrificio. Se dice que bien pudo haber sido de India. Incluso hay evidencia de que China le exigía a India su tributo en forma de caña de azúcar y que los hindúes cultivaban la caña de azúcar en sus huertos y la masticaban porque era dulce. Los griegos, en cambio, desconocían el azúcar. Recién en el año 325 A.C. un almirante de Alejandro Magno, en un viaje de exploración a las Indias Orientales descubrió esta "especie de miel que crecía de las cañas".

Fue recién en el año 600 que el Imperio Persa y su Universidad de Djondisapour descubrió el proceso de solidificar y refinar el jugo de caña. Esto permitió una mejor distribución del producto y, por lo tanto, una mejor comercialización. Se importaban "panes de miel petrificada", unos trocitos de saccharum que en épocas de plagas y pestilencias eran considerados un lujo costoso y milagroso. Pero los persas se desmoronaron y fueron conquistados por los árabes. El secreto persa de cómo solidificar el jugo de la caña pasó a manos islámicas. Los árabes no desperdiciaron la oportunidad y se dedicaron al comercio del saccharum y a su consumo. De pronto, se encontraron con enfermedades que nunca antes habían padecido. Esto generó que se separaran la ciencia de la religión. Se sabe que los árabes hicieron grandes avances en medicina y cirugía. Utilizaban anestecia, iniciaron la ciencia de la química, avanzaron en astronomía, descubrieron el cero. Se abastecieron de azúcar como nunca antes nadie lo había hecho, desde la corte hasta las tropas consumían dulces y bebidas azucaradas. Este hecho llamó la atención a un botánico alemán llamado Leonard Rauwolf quien viajó a tierras del Sultán y describió en sus diarios los primeros efectos del saccharum: "Los turcos y los moros cortaban una pieza tras otra de azúcar, masticándolas y comiéndolas abiertamente en todas partes y en la calle sin pudor... de esta forma se acostumbran a la glotonería y dejan de ser los intrépidos guerreros del pasado".

La Cristiandad no podía quedarse atrás y tenía que dar su mordisco al fruto prohibido. Durante las cruzadas de 1306 se hicieron planes y estrategias que incluían el azúcar como una forma de vencer al Sultán. Copias de este llamamiento al Papa Clemente V llegaron a los reyes de Francia e Inglaterra. "En el país del Sultán, el azúcar crece en grandes cantidades y de ésta los sultanes obtienen grandes ingresos e impuestos. Si los cristianos pudiesen hacerse con estas tierras se haría mucho daño al Sultán y al mismo tiempo el Cristianismo estaría totalmente abastecido desde Chipre. También se cultiva azúcar en Morea, Malta y Sicilia y crecería también en otras tierras cristianas si se la cultivase."

Y efectivamente sucedió. Primero fueron los portugueses quienes estuvieron a la cabeza por la carrera del azúcar. Es imposible deslindar el cultivo del azúcar de la esclavitud. Para el reino de Portugal, el azúcar y la trata de esclavos fueron dos caras de una misma moneda. Pero en el 1500, con el segundo viaje de Colón al Nuevo Mundo, le tocó a España. Y también los españoles comieron del azúcar ensangrentada que traían del Nuevo Mundo y la comercializaron con el resto de Europa. A mediados del siglo XVIII, un francés llamado Claude Adrien Helvetius escribía: "No llega un tonel de azúcar a Europa sin manchas de sangre. Ante la miseria de estos esclavos, toda persona con sentimientos debería renunciar a estas mercancías y rehusar al placer que proporciona algo que sólo se puede comprar con las lágrimas y la muerte de innmuerables criaturas desgraciadas".

Napoleón Bonaparte tuvo un papel muy importante en la Historia del Azúcar. Hacia el 1700 la industria azucarera en Francia se había desarrollado con gran ímpetu. Pero Gran Bretaña impuso un bloqueo naval obligando a las refinerías francesas, a falta de materia prima, a cerrar. El precio de los bombones se disparó y sólo la corte podía darse el lujo de comer dulces. Esto obligó a Napoleón a devolver el golpe e incitó a los investigadores franceses a iniciar un intenso programa de investigación. Así nace el azúcar de la remolacha. Benjamin Delessert en 1812 encuentra la forma de procesar la remolacha y convertirla en un nuevo tipo de pan de azúcar. Se plantaron remolachas azucareras por toda Francia, se subvencionaron los cursos para la refinería y el tratamiento de la remolacha y al cabo de un año los franceses estaban produciendo alrededor de 4 millones de kilos de azúcar de remolacha francesa.

En 1807 se abolió la esclavitud en Francia y un cuarto de siglo más tarde se producía la emancipación de las colonias británicas. Esto dejaba a Estados Unidos como un país que continuaba teniendo mano de obra esclava. No importaba cuán importantes fueran los nuevos inventos teconológicos que trajo aparejado el siglo XIX. El cultivo de la remolacha azucarera debía ser plantada, aporcada y recortada a mano. La plantación y siega de la caña de azúcar no podía mecanizarse. Se necesitaban manos negras. Pronto los norteamericanos sobrepasaron a los británicos y al resto de la naciones en su nueva fiesta: la del azúcar. Algunos datos espeluznantes: en 1893 Estados Unidos consumía más azúcar del que el mundo entero produjo en 1865. En 1912, un dentista de New Jersey pronosticaba lo siguiente:

"La moderna manufactura del azúcar ha traído enfermedades totalmente nuevas. El azúcar que se vende no es nada más que un ácido cristalizado concentrado. Como antiguamente el azúcar era tan caro que sólo los ricos podían permitirse su uso, consistía desde el punto de vista de la economía nacional, en algo inconsecuente. Pero hoy, cuando debido a su bajo costo, el azúcar ha causado una degeneración humana es el momento de insistir en un esclarecimeinto general. La pérdida de energía a través del consumo de azúcar en el último siglo y su primera década no puede recuperarse, ha dejado ya su marca en la raza. El alcohol se ha usado durante miles de años y nunca ha causado la degeneración de una raza entera. El alcohol no contiene ácidos destructivos. Lo que ha sido destruido por el azúcar está perdido y no puede recuperarse."


Bibliografía:

Sugar Blues, Wiliam Dufty

lunes, 9 de agosto de 2010

El dulzor es TAN relativo

Ayer, aprovechando una reunión familiar donde había niños, hubo un nuevo intento con los budines stevianos.
Qué tema el de las proporciones. De aspecto salieron espectaculares. Uno de algarroba y el otro de manzanas. Pero al sabor le faltó dulzor. Sin embargo, hubo algo de ayer que me llamó la atención. Los adultos, acostumbrados a los sabores de la bollería y pastelería comunes me indicaron que un poco más de dulzor no habría venido mal. Incluso a mí misma me sucedió también.
Hubo un sólo adulto que, acostumbrado a consumir budines de las dietéticas, me dijo que a mis budines stevianos no les faltaba nada.
Los niños, en cambio, se los comieron sin decir ni mu. Felices.
Interesante, ¿no?
Aún no comprendo del todo a la stevia.
Pero no me va a ganar.

viernes, 6 de agosto de 2010

¿Qué es la stevia rebaudiana?

"Lo malo es que la gente desea la salud y simultáneamente permitirse comer su pastel de azúcar"

William Dufty, Sugar Blues


La stevia en el Perú.
Lamentablemente este video está cortado pero la información que brinda es suficiente y muy interesante para comprender de qué se trata esta planta dulce.



La stevia en el Ecuador:



La stevia en Colombia:



Es posible conseguirla en el barrio chino, algunos supermercados como Jumbo y algunas dietéticas.

¿Por qué no se habla más de esta planta? ¿Por qué se sigue comercializando aspartamo que ya se sabe es dañino para la salud?

Del azúcar... hablaremos luego. Algunos dicen que es el tabaco del siglo XXI. Y que trae tanto o más perjuicio.

El cereal nuestro de cada día

Hay algo que necesitamos saber de antemano cuando encaramos un cambio en la alimentación. Los desequilibrios se harán sentir de manera más contundente. Creeremos que nos hemos debilitado pero eso no es cierto. Lo que sucede es que nuestra sangre ha cambiado, se ha modificado nuestro plasma y glóbulos rojos y lo que antes pasaba desapercibido ahora se siente de manera más inmediata. Es importante, entonces, estar atentos y ser sensibles a lo que nos sucede. De ese modo, podremos captar formas, sabores, texturas y olores diferentes a los que no estábamos acostumbrados. Todo nuestro aparato digestivo nos lo agradecerá y una vez que éste adhiera al cambio ya no soportará lo que antes, quizás, parecía no ser un problema para nosotros.

Primera gran lección en la alimentación: no te aferres a tu pasado. (¿O debería decir: No te aferres a tus papafritas con huevo frito?)

Mucho se habla de equilibrio. ¿Pero de qué hablamos cuando decimos equilibrio? Por lo que a varios autores respecta -y lo he comprobado en mi propia práctica - cuando hablamos de una dieta equilibrada (dentro de relativo que pueda resultar este término) hablamos de incluir siempre cereales integrales en nuestro plato. ¿Por qué? Es la forma más simple de equilibrar. Si incorporamos a nuestra ingesta diaria un 50% o 60% de cereales integrales en cada comida mantenemos un equilibrio de las sales minerales apropiado para nuestra sangre. "La proporción de sodio/potasio del alimento determina su cualidad Yin o Yang. Los cereales integrales tienen una relación Na/K semejante a la que encontramos en la sangre humana"*. ¿Qué les parece? ¿No es genial? Esto es vital para el funcionamiento del sistema nervioso (simpático y parasimpático) y que es el principal responsable de que el sistema endócrino haga el trabajo como es debido.

Así que anímense a agregar a sus comidas una porción de cereales integrales. De la variedad que ustedes elijan. Pueden utilizar arroz yamaní, cebada perlada, quinoa, mijo, trigo sarraceno. Hay varios modos de combinarlos y, por supuesto, dependerá de la época del año en la que estemos, de lo que cada uno de nosotros necesite.

*Jorge Valentín Estévez y Hernán Diego Salas, Guía para una nutrición evolutiva, Salbe Ediciones, Buenos Aires, 2009

lunes, 2 de agosto de 2010

Sopa Aduki Versión Porotos Negros

Aquí va mi primer post, gracia a la invitación de mi querida Flor y con las mismas intenciones de ella.

Quizás un experto en Macrobiótica me agarre de las pestañas y me ponga roja.

No lo se, estoy buscando el acercarme a mi bienestar y metiéndome de a poco en esta filosofía de vida. Creo que jugar con los ingredientes es un buen primer paso. Al menos mucho mejor que pedir por teléfono una pizza (Cosa que hasta hace poco era el mejor plan de un domingo por la noche).

En fin, quiero compartirles que anoche me hice la sopa Aduki, pero como lo que tenía remojado y cocido con alga Kombu eran Porotos Negros; le metí el zapallo Hokkaido y le di para adelante.

Los pasos que seguí no puedo pasarlos cuadro a cuadro porque un día remoje las legumbres, otro día las cocine, y ayer le di el toque zapallo, salsa de soja y verdeo.

Lo cierto es que el Poroto Negro tiene propiedades que mi organismo necesita (Según el Dr. Esteves es el más recomendado para problemas en genitales femenino) por lo cual me jugué a esta sopa dominguera.

La verdad es que quedo deliciosa, sabrosa, espesa y tipo guiso. Hubo quienes lejos de una Vida Macrobiótica rascaron la cacerola hasta el último Poroto Negro. Eso es un logro de esta sopa y cada uno de sus ingredientes. Cuando APT me dijo que estaba riquísima. Mi respuesta sonriente fue que me alegraba que le guste, pero que lo más lindo era que le estaba gustando una sopa casera, buena y súper sana.

Avanti con cambiar de porotos!!


(OJO!! Llevan bastante más tiempo de cocción)

viernes, 30 de julio de 2010

Budín de manzanas integral

Al salir del horno, los bizcochuelos ponen cara de abuela.

Oche Califa. Para escuchar a la tortuga que sueña



Hablando por teléfono con Bambú de pronto me asaltó la necesidad de algo dulce. ¿A quién no le ha pasado? Empecé a abrir y cerrar las puertitas de mi alacena pero no había ni un mísero paquete de galletitas. Sólo galletas de arroz y yo estaba hambrienta (desde que el Hombre light comenzó su dieta hipocalórica ya no hay galletas normales en esta casa). "¿Estás cocinando algo?", me preguntó Bambú. "Aún no", le respondí, "pero estoy pensando seriamente en hacerme un budín de harina integral". Ella se rió muy fuerte y me dijo: ¡Muy bien! ¡Adelante!

De modo que este budín surgió de lo que había en mi alacena y en mi heladera. Y resultó ser tan exquisito que quise compartirlo con ustedes y con Bambú que siguió los pasos desde el teléfono mientras escuchaba como batía, revolvía, pelaba, rallaba, etc. Se los dejo para que lo hagan este fin de semana así después nos cuentan.

Ingredientes:

200 gr de harina integral
2 cucharaditas de polvo de hornear
10 sobrecitos de stevia
2 huevos
2 cucharadas de aceite de girasol
3 cucharadas de crema de leche (yo usé la 0% grasa de Cormillot para probarla pero ustedes pueden usar la que quieran o, en su defecto, utilizar leche. Les recuerdo que necesitamos algo lácteo para que el polvo de hornear se active)
1 cucharada de esencia de vainilla
2 manzanas rojas peladas y ralladas (con su jugo)
2 cucharadas de mermelada de zapallo (era la que había y me pareció que combinaba bien con las manzanas)
un puñado de pasas de uva (opcional)

En un bowl batí los dos huevos junto con el aceite de girasol, la esencia de vainilla, la crema y los 10 sobrecitos de stevia. Luego le agregué la harina integral junto con el polvo de hornear, la manzana rallada y la mermelada de zapallo. Mezclé bien y por último le agregué las pasas de uva. Coloqué la preparación en un molde de budín y luego de 40 minutos en horno moderado salió esto:

El sabor resultó ser increíble. Las manzanas impregnaron la masa dejándola húmeda y super esponjosa. Miren cómo quedó por dentro.


¡Imagínense si hubiera tenido peras! Mmmh. Anímense a probar con frutas. Las verduras como las zanahorias y el zapallo también pueden servir. ¡Son geniales para endulzar masas!

jueves, 29 de julio de 2010

Tarta de mijo y crema de choclo


Algunos libros de recetas macrobióticas nos enseñan cómo hacer una tarta con una base de mijo en lugar de usar la típica masa de harina refinada o integral. Se sabe que siempre es preferible comer cereales integrales (léase: el grano íntegro) a comer harinas (el cereal molido). El mijo, en este caso, es un cereal de propiedades increíbles. Es el único que beneficia al páncreas y al bazo y su digestión es tan fácil que no causa ningún tipo de malestar al estómago ni a los intestinos. Es de muy fácil cocción y no lleva tanto tiempo como el arroz integral.

Para ello ponemos a hervir 3 tazas de agua por una taza de mijo. Cuando el agua rompe el hervor se le agrega la taza de mijo y se lo deja a fuego bajo por unos 20 o 25 minutos. Al agua se la puede condimentar con alguna verdura para realzar el sabor del cereal o simplemente cocinarlo solo. Yo ya tenía mijo cocido del mediodía con un agregado de calazaba, puerros y champignones (¡vino Bambú a comer!) y me pareció que podía servir.

Una vez que tenemos el mijo cocido éste será la base de nuestra tarta. Lo colocamos en un molde de tarta formando una base de 2 cm de espesor.

Para la crema de choclos salteamos una cebolla grande en la sartén y luego le agregamos los granos de choclo de una buena mazorca comprada en la verdulería previamente triturados con la minipymer. Esto hará que la preparación tenga una textura cremosa. A esto le agregamos un huevo de modo que la crema de choclos cuaje en el horno. Si andan con poco tiempo y no fueron a la verudulería le pueden agregar granos de choclo en lata (siempre hay alguna lata dando vueltas en la alacena). Si andan cuidando su colesterol y no quieren utilizar aceite en la cocción pueden "saltear" la cebolla con agua. Pero esto se lo preguntan al Hombre light. Si no quieren ponerle un huevo porque tienen algo con los huevos no pasa nada, quedará rico igual sólo que no cuajará y se desarmará un poco al servir.

Una vez que tenemos la crema de choclos la colocamos encima de la base de mijo que ya teníamos preparada. Todo eso va al horno moderado por unos diez minutos. Yo hice trampa y le puse unas fetas de queso por salut que se derritieron dándole a mi mini tarta un aspecto re copado pero ¡para nada macrobiótico!

Voilà!


miércoles, 28 de julio de 2010

Resultados

La torta fue un éxito. ¡No quedaron ni las miguitas! Pudimos apreciar su textura húmeda y comprobar que los arándanos y las frutillas perfumaron la masa dándole un dulzor sutil e interesante.
Como somos muy inquietas ya se nos ocurrieron algunas variantes que se pueden hacer si queremos lograr un efecto distinto.
Puede usarse harina blanca (aunque ya nos alejaríamos bastante de la macrobiótica) y crema de leche en lugar del mentado yogur descremado, (¡oh dulce pecado!). Bambú sugirió hacerlo con yogur de leche de cabra pero ya me parece demasiado. Bambú, querida... ¿de dónde sacamos una cabra? Pero como sea, es sumamente importante que haya huevos siempre y de no equivocarse con la dosis del polvo de hornear (la próxima vez si usamos harina integral habrá que agregarle un poco más, puesto que es una harina más pesada y levanta menos que la refinada).
También nos queda probar como queda la torta con levadura (la receta original decía que llevaba levadura en vez del polvo de hornear) pero no quisimos arriesgarnos para el cumpleaños de 60 de mi madre. Ya bastante revolución con que la torta no contenía ni un granito de azúcar, ¿no? Además, como decía la abuela de Ushka (me lo dijo hoy por teléfono y yo les anoto aquí el dato): para repostería siempre es mejor el polvo de hornear pero para panadería es mejor la levadura.

Lo más importante de todo: mi mamá estaba contenta.
¡Glup!

martes, 27 de julio de 2010

Feliz Cumpleaños

¡Lo prometido es deuda! Luego de mi racconto sobre la aventura de emprender una torta sin azúcar les paso la receta que me salió.

Ingredientes para nuestra super sugarfree blueberry cake (que no es lo mismo que decir supercalifragilisticuespialidoso y quedar como una Mary Poppins sin su deshollinador)

3 huevos de buena calidad
13 sobrecitos de stevia
1 pote de yogur natural descremado (atenti con este pote que será la medida de todo)
1/2 pote de aceite de girasol
3 potes de harina integral
1 cdta 1/2 de polvo royal
1/2 pote de mermelada de frutos rojos (yo usé la Masseube que es deliciosa)
1 taza de arándanos y frutillas frescas


Batir tres huevos junto con la stevia hasta que "levante" (no crean que levanta mucho pero qué quieren... ¡sin azúcar!). Agregar al batido el aceite, el pote natural de yogur descremado y seguir batiendo con fé. En otro bowl mezclar la harina integral con el polvo para hornear.


Agregar la harina al batido intentando no aplastarlo mucho con movimientos envolventes. A la mezcla incorporar la mermelada de modo que quede una masa marmolada.




Por último se le agregan los arándanos y las frutillas (las pueden macerar con un poquito de azúcar integral si no quieren super estrictos).



Y se ruega que nuestro poderoso menjunge no se baje en el horno y crezca en los próximos 40 minutos a fuego moderado.
Voilà!

lunes, 26 de julio de 2010

Acercamiento a mi primer torta sin azúcar

La idea de cocinar una torta rica y sin azúcar surgió en el marco del cumpleaños de 60 de mi madre. Siendo diabética desde los 13, era lógico que nunca cocinara tortas dulces. De hecho, todo lo que tuviera relación con la repostería fue un gran misterio para mí hasta que fui grande y quise aprender. La primer torta que hice en mi vida fue un lemon pie para mi novio de ese momento (que por las vueltas de la vida hoy es mi compañero actual). No tuve tampoco abuelas que cocinaran tortas o masitas dulces. Todo lo dulce se compraba en la panadería o confitería. Porque aunque mi madre fuera diabética y no cocinara tortas, el azúcar en mi casa era algo muy natural. Lo no natural era que mi madre no la asimilara al no producir insulina. No voy a explayarme aquí en cómo se produce la maravilla de la asimilación de la glucosa gracias al páncreas nuestro de cada día que todos deberíamos agradecer. No al menos hoy. Tampoco voy a explayarme en el efecto psicológico que se produce en aquel o aquella que durante años asiste a reuniones de cumpleaños, familiares y amigos y queda totalmente exlcuido de la posibilidad de comer lo que se está compartiendo en dicha reunión. Son dos cosas que dejaré para más adelante. Lo que sí voy a hacer hoy es relatarles mi aventura con mi primer torta sin azúcar. Y lo voy a hacer porque no es fácil que un producto así quede rico, diferente y atractivo.

Todo aquel que alguna vez se aventuró en la práctica de hacer tortas sabe que un bizcochuelo es a base de harina, huevos y azúcar. No se necesita mucho más. El azúcar es un ingrediente que no se discute. Entonces, ¿cómo hacer un bizcochuelo sin ázucar? ¿Cómo hacer que una masa así eleve? ¿Es muy importante el azúcar para ello? Consultando un poco las fuente más básicas fui al primer libro de cocina que me regalaron cuando me fui de la casa de mis padres allá lejos y hace tiempo: Blanca Cotta, Técnicas básicas y Recetas básicas. Allí, consultando la sección de dulces descubrí que lo más importante en un bizcochuelo es que los huevos sean bien frescos y que la harina sea común y esté tamizada. ¡Sí, hombres y mujeres de esta tierra! ¡El bizcochuelo común no necesita de ningún leudante o agregado químico para crecer! Y lo que es más ¡no necesita de materia grasa! El secreto está en el arte de saber batir los huevos con el azúcar y luego ir agregando de manera envolvente el harina para no aplastar la masa.

El sábado pasado la situación era la siguiente. Quería probarme a mí misma que podía hacer una torta sin azúcar rica y apetitosa antes del cumpleaños de 60 de mi madre. Una torta que todos quisieran comer, no sólo mi mamá. Una torta que fuera para compartir, no una torta que excluyera. Así que pusimos manos a la obra y elaboramos algo con los ingredientes que teníamos en la heladera. Hubo que inventar porque a falta de ingredientes sobraba imaginación. Había harina leudante y sólo un huevo (mal ahí). Tenía stevia (un endulzante natural sacado de una planta), un yogur descremado con frutos rojos y ¡frutillas! Algo bueno podía salir de eso. Con mucho desorden (recuerden, hice muy poco bizcochuelos en mi vida) pusimos todo en un bowl y batimos por un buen rato. Al batido le agregamos frutillas endulzadas con la stevia y mermelada de frambuesas sin azúcar. Eso fue al horno por unos cuarenta minutos y salió una torta no muy alta pero bastante respetable de aspecto. Como temíamos habernos equivocado con la proporción de la stevia la cortamos al medio y la rellenamos con más frutillas frescas y una mezcla de mendicrim descremado y mermelada de frambuesas.

No voy a darles los detalles de la receta ahora porque faltan mejorar algunas proporciones. Pero estamos en camino de conseguir un buen producto. Al menos para el día final que es mañana. La torta del sábado aunque contenía sólo un huevo fue devorada por todos los comensales (que eran varios). No quedó nada. Así que algo de todo eso tuvo que haber salido bien.

domingo, 25 de julio de 2010

¡Bienvenidos!

¿De qué se trata alimentarse bien? ¿Por dónde pasa la nutrición? ¿Por qué algunas personas son más resistentes que otras a determinados alimentos? ¿Es una dieta algo fijo o varía según las personas, los lugares, el tiempo?
Soy hija de madre diabética insulinodependiente. Eso, seguramente, influyó mucho en mi búsqueda por la alimentación adecuada. Cuando era chica, en mi casa, la Coca Cola era un brebaje reservado en la heladera con el cual mi madre solía subir su glucemia si sufría de una hipoglucemia.
Nunca me hice vegetariana aunque alguna vez fantasié con hacerlo. Recuerdo una época (yo debía tener 21 años) en que la carne me daba mucho asco pero eso se me pasó rápidamente.
Creo que cada cuerpo es un mundo y cada cual debe aprender a conocerse.
Todos tenemos derecho a elegir según nuestra fortaleza y debilidad. Por eso no creo en dietas fijas o regímenes estrictos. Creo en la diversidad. Un buen plato de comida debe saborearse con todos los sentidos: debe verse bien, oler sabroso y tener rico gusto.
No me gustan los extremismos de ningún tipo pero sé que algunos alimentos son muy dañinos para la salud y trato de evitarlos. Es el caso de los lácteos, el azúcar y las harinas blancas refinadas. Más adelante me gustaría poder explayarme un poco sobre esto basándome en bibliografía que he estado leyendo.
Abro este blog porque considero que puede ser un espacio interesante donde poder escribir sobre mis experiencias en este camino de la nutrición. No es un camino fácil, está plagado de escollos y muchas veces nos pone en un brete cuando queremos insertarnos en la vida social. Me interesa compartir algunos aciertos, dudas, errores, preguntas que tengo respecto a este tema.
Bienvenidos.